lunes, 5 de diciembre de 2011

Si es que es posible.

Me mudé a París. Me mude a un pequeño apartamento que apenas y puedo pagar con lo que ahorré trabajando después de graduarme de la universidad. Siempre maldije mil veces lo poco que uno ganaba a pesar de ser licenciado. Pero gané algo, lo suficiente para alquilar por unos cuantos meses un pequeño apartamento. Uno de esos apartamentos con olor a anciano, las paredes con pintura abombada por las filtraciones y una que otra cucaracha correteando por ahí. Solo pienso: mejor cucarachas que ratas.

El apartamento es barato, y tiene potencial. Tiene balcón, eso fue lo que me hizo tomar la decisión. No tiene la mejor vista posible, cuando me asomé la vez que fui a ver el apartamento solo veía a un par de chicos jugando fútbol abajo y la anciana del frente guindando su ropa con menos prendas de lo que me hubiera gustado verla. Sin embargo el balcón es liberación, quizás porque el día que me sienta muy mal me pueda lanzar fácilmente pero mas porque es posible escaparse de la realidad momentáneamente así sea de mentirita asomándote un rato para alejarte de los gritos en francés que atraviesan las paredes del apartamento de al lado.

Una mañana me asomo, me siento en un banquillo de madera y prendo un cigarro. No me gusta fumar pero me pareció necesario aunque sea una vez prender un cigarro estando asomado viendo París. Aspiro un poco del cigarro y decido que no valió la pena el experimento y lo apago. Miro el horizonte y una figura molesta el rabillo de mi ojo solo lo suficiente para darme cuenta que existe pero al mismo tiempo pidiendo a gritos que volteara. Volteo a la derecha y en el balcón junto al mío está una chica. ¡Y que chica es esta!

No parecía francesa, parecía mas latina. Yo solía jugar a eso, adivinar quienes son los latinos en París, y eso que son unos cuantos. Pero estoy divagando, con ella no creí equivocarme. Latina hasta los huesos, y con poco pudor. Se asomó en el balcón con una franela ni siquiera lo suficientemente larga para cubrir su estomago, igual quien soy yo para juzgarla, seguro le gustaba dormir así. Yo solo debía estaba agradecido que tenía una buena vista de sus piernas.

¿Ustedes creen en el amor a primera vista? Yo tampoco, sin embargo ese día lo dude. Una mujer de piel canela, piernas de bailarina, estomago de modelo, pelo de leona y boca de mulata. Tenía los senos pequeños pero a mi me gustan así. Perfecta la niña por donde la vieras. Yo me quedo mirándola, intento no parpadear para no perderme ni un segundo de su perfección y ni siquiera me preocupo por no parecer un pervertido.

Ella se estira y confirma mis sospechas de bailarina al levantar una pierna para estirarla también, creo que mas por costumbre que por necesidad. Raramente estiro las piernas en la mañana. De pronto ella entra y yo maldigo la vida por ponerle fin a ese momento. Inspecciono un poco su balcón con la vista y veo unos libros, Pablo Neruda, Vargas Llosa y Gabriel García Marquez. Latina y culta ademas. Cuando pienso que nada podría ser mejor y que debo encontrar una manera de sacarle conversación inmediatamente a mi vecina, escucho una canción de Bud Powell saliendo de su apartamento y ya es claro para mi que estaba enfrentándome a la mujer de mi vida.

Yo me acerco al borde de mi balcón para escuchar mejor la música y cierro los ojos al tiempo que muevo la cabeza al ritmo del piano. De pronto escucho "Bonjour" y abro los ojos al mismo tiempo que salto para atrás, tropiezo con el banquillo y me caigo. Ella se asoma para asegurarse que estoy bien, yo sonrío un tanto incomodo y avergonzado, ella sonríe y me mira detalladamente. Por momentos pensé que el sol estaba detrás de su cabeza y era lo que me deslumbraba, sin embargo era demasiado temprano, el sol no sale sino una hora mas tarde aproximadamente. Recorro su cara con mi vista en lo que siento que es una eternidad y me maravillo con cada una de sus facciones, me llama mucho la atención un dije de león que tiene en su cuello. Quizás creía en el horóscopo o quizás era un homenaje a su pelo o su carácter.

Yo me levanto, y ella me pide perdón en francés. Yo le digo que no se preocupe y ella se emociona al escucharme hablar castellano. Ella me invita a desayunar en su casa, lo cual yo acepté desde que la vi por primera vez. De pronto despierto en Maracaibo.

A veces me invento historias. Seguro si nos hubiéramos conocido así no pensáramos que es demasiado complicado, no pensáramos que somos muy diferentes y que no funcionaría.

Probablemente lo intentaríamos y probablemente nos enamoráramos, o yo me enamorara mas, si es que es posible.

2 comentarios:

  1. Está tan bueno, que no sé qué elogio darte, me atrapó desde la primera línea. Excepcional...

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  2. Te leo juanpro, y actualización tras actualización me sigo quitando el sombrero! Sigue así! Muaw! Besos! Luisi

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