sábado, 26 de julio de 2014

Kája y sus maravillosos número 38.

En alguna parte de Praga hay uno de estos edificios viejos que de alguna manera lograron sobrevivir a la guerra y cuya belleza yace en las historias que tiene cada una de sus grietas y cada uno de los pedazos desconchados de pintura. Este edificio del que hablo es pequeño, tiene apenas cinco pisos y no es particularmente bonito, tiene un color beige viejo con algunas paredes grises de piedra. Lo que hace a este edificio verdaderamente interesante y especial es que está enamorado, perdida e incurablemente enamorado.

Hay una joven bailarina de ballet llamada Kája que vive sola en el tercer piso y suele pasar el día entero ensayando y frustrandose cuando las cosas no le salen como deberían. Ella es extremadamente sensible y llora por cosas como una pieza de piano muy bien interpretada o un pichón abandonado en un árbol cercano. Pasa gran parte de su tiempo en su casa y solo sale a su academia de baile o a sus presentaciones. Quizás pensarían que no es una joven demasiado feliz pero al contrario, es tan sencilla que lo único que necesita en su vida es un techo que le tape de la lluvia y un piso donde poder bailar.

El edificio la observa constantemente pero sabe que nunca será mas que un edificio para ella. En ocasiones intenta complacerla haciendo que se vaya la luz en todos los apartamentos menos en el de ella para que no perturbe el ritmo de su música pero ella solo lo ve como una coincidencia afortunada y no entiende el esfuerzo descomunal que hace el edificio para que se fije en él.

Una vez Kája se enamoró de un escritor argentino que fue a Praga a buscar inspiración, ese joven era un gran amante y logró que Kája solo se interesara en complacerlo dejando a un lado su hermosa rutina de ballet. El edificio se retorcía al no poder admirar maravillado su rutina constante de vueltas y piruetas. Durante ese período el edificio se desconchó más que los casi setenta años de postguerra.

El edificio ha visto todo, ha recibido disidentes políticos, ha sido asilo de exiliados, ha ambientado aventuras entre amantes casados, el tocadiscos, el casette y el cd, el internet y hasta incluso el teléfono celular y el microchip pero nunca nada le habia parecido más importante para mantenerse en pie que los pequeños zapatos número 38 de Kája saltando sobre su viejo piso de madera.

Kája y su amante argentino tenían una relación apasionada pero peleaban constantemente. El argentino era un alma perturbada que solo encontraba placer en el conflicto y el caos y estar intranquilo era lo que lo ayudaba a escribir sus historias. Esto molestaba al edificio y en una ocasión bloqueó el paso de agua a su apartamento en un intento de espantar al argentino de vivir con Kája pero se detuvo inmediatamente al saber que Kája; en su ceguera enamorada, consideró mudarse a otro lado con tal de seguir con su apasionado amante.

Kája siempre sospechó que el argentino la estaba engañando pero nunca se atrevió a confrontarlo hasta que un día después de hacer el amor y mientras fumaban un porro juntos lo confrontó, él admitió haber estado con quince mujeres más pero se excusó diciendo que solo fueron encuentros carnales esperando que ella lo entendiera. Kája no soportó esto y lo botó de su casa con todo el dolor de su alma, el argentino la insultó y la acusó de ser demasiado conservadora y no entender a los artistas y se fue tirando la puerta con tal fuerza que causó un pequeño dolor en el edificio. Kája pasó semanas enteras sin bailar y solo lloraba en el suelo de su sala o de su cuarto o de su baño. El edificio sentía que Kája lo abrazaba cuando se acostaba en el piso y en ocasiones intentaba abrazarla de vuelta con miedo de aplastar a su amada y a todas las otras familias que vivían dentro de él.

El edificio hacía de todo para que Kája mejorara, incluso desviaba las vías de agua caliente y las hacía recorrer su apartamento para que tuviera una temperatura agradable durante el invierno. Kája poco a poco fue superando todo, hasta que un día llegando de hacer la compra se paró frente a la puerta, dio un vistazo rápido al apartamento y comenzó a arrancar fotografías viejas que estaban pegadas en todas las paredes. El edificio la observaba curioso pero confundido. Kája se dirigió a su cuarto y sacó una maleta de su closet haciendo que el edificio temblara en pánico. Kája sintió el temblor, miró alrededor, agarró su celular y hablando con alguien desconocido dijo que aceptaría la oferta de trabajo en Austria. El edificio sufrió esta noticia pero con una tristeza enorme aceptó que sería egoísta de su parte negarle el placer a otros edificios de que Kája baile dentro de ellos.

El edificio la observó cuidadosamente mientras guardaba su ropa dentro de su maleta y mientras llama a su madre para decirle que se llevará la ropa pero que dejará todas sus cosas ahí mientras se termina de instalar en Vienna. Kája cierra la maleta y se para frente a la puerta principal, el edificio solo espera un último abrazo como aquel que le daba en medio de sus llantos y retorciendose ligeramente hace que el radio toque por última vez esa canción que Kája practicaba constantemente. Kája se sorprende y mira alrededor de su apartamento moviendo los ojos al ritmo del piano y el violín y entonces suelta las maletas y comienza a bailar por todo el apartamento por una última vez en manera de despedida.

El edificio está tan feliz que no puede contenerse, sus tuberías comienzan a reventarse en todos los otros apartamentos y lo que quedaba de pintura comienza a caerse como una especie de escalofrío arquitectónico. El edificio se estremese y las familias de los otros pisos salen despavoridos pensando que es un temblor o un terremoto pero al poner un pie fuera del edificio se dan cuenta que es el edificio mismo el que tiembla. Al edificio ya no le importa nada, sabe que es la última vez que la verá y maldice al mundo por no haberle permitido ser un teatro para poder verla en toda su magnificiencia sin embargo está tranquilo y sabe que todo estará bien, porque él está seguro que el mundo seguirá dando vueltas mientras ella lo siga impulsando con cada uno de sus maravillosos pasos de baile con sus pequeñísimas zapatillas número 38.

viernes, 25 de julio de 2014

Hasta las cenizas.

Cada buena película romántica reafirma la filosofía que el amor; para que realmente valga la pena, debe ser dolorosamente intenso y consumidor.

Que ambos cuerpos se atraigan como imanes superpoderosos y sea un esfuerzo titánico separarse el uno del otro trabajando juntos empujando el torso del otro con los brazos y las piernas y manteniendo una distancia prudente al lograrlo para no volver a pegarse. Porque ese placer doloroso de querer ser una sola persona con otro hace los colores mas vivos, las comidas mas jugosas y el sexo jodidamente superior.

No es casualidad que digan "Donde hubo fuego cenizas quedan" cuando se refieren al amor, porque o te consume completamente hasta las cenizas o nunca valió la pena.

Ya después tocará reconstruir poco a poco para que alguien más venga a quemarlo todo. Un gran proceso.

(Nota: Hoy vi la 2da película de la trilogía de Linklater, eso me tiene escribiendo así.)

viernes, 4 de julio de 2014

¿Y cómo no detener el mundo por un balón?

¿Por qué detener el mundo por un balón? Se que son tiempos difíciles para mi país y que muchos se indignan de que se esté prestando mas atención a un balón rodando que a las injusticias de la vida. Pero quizás debamos prestar un poco más de atención.

No me atrevo a decir que el fútbol es mas importante que ninguna de estas cosas porque honestamente no lo es, pero como dice ese comercial que rueda por ahí "De las cosas no importantes en el mundo, el fútbol es la mas importante de todas" y que razón que tiene.

Que el fútbol es para brutos o para poco intelectuales es una visión simplista, obtusa y cuadrada de la vida. Soy bachiller en ciencias, estudié artes plásticas, me voy a graduar en cine y pienso hacer películas para vivir. Si hoy me preguntan cual es mi forma de arte favorita digo "Fútbol" sin pensarlo demasiado. ¿Que no es una forma de arte? Debe ser que no han visto jugar a Del Piero o a Messi, aún tienen tiempo, sino está youtube.

El mundo es la forma mas pura de arte, las más grandes películas de la historia no emocionan al ojo común ni tampoco lo hace una pieza de Beethoven o Chopin. Muchas personas no sabrían diferenciar un garabato preescolar de un cuadro de Picasso pero el gol de James Rodriguez contra Uruguay hizo que las comunidades indigenas y campesinas colombianas le enviaran una carta agradecidos de su magnificencia. Eso es el fútbol, no tienes que saber leer, no tienes que saber hablar ningún idioma... solo tienes que saber sentir, el fútbol se encargará de lo demás.

El fútbol es vida. El fútbol te enseña de libertad y de injusticias, te enseña de lealtad y de dolor, te enseña a ganar como los grandes y perder como los mas grandes aún. Te enseña que la vida no siempre es justa pero que si trabajas lo suficientemente duro siempre te dará revanchas. "El máximo goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año." leí por ahí. ¿Como no se defiende eso? ¿Como se atreven a decirme que soy menos por seguir a la vida misma representada en un balón?

Quizás me distraigo de problemas mas importantes pero también es verdad que no han entendido lo magnífico y poderoso de este deporte. Didier Drogba pidió de rodillas detener la guerra civil de Costa de Marfil el día que clasificaron por primera vez a un mundial, su país escucho con atención y poco tiempo después lo lograron. Kuyt tiene una fundación para niños sin casas en Holanda. Centenares de futbolistas salen de la pobreza y en medio de su éxito vuelven a sus pueblos natales a mejorar las condiciones de vida, educación y por supuesto de fútbol. Porque el fútbol es la esperanza de mucha gente, es la esperanza de una vida mejor.

Y es que Joaquin Sabina, Hemingway, Pasolini, Camus y Pavarotti lo seguían. Seguro que es un deporte de imbéciles y poco intelectuales, ¿No? Hitler, Mussolini y Bin Laden también lo seguían, pero esa ya es otra historia.

Yo no hablo de la FIFA, de la UEFA o del Balón de Oro. No hablo de votaciones o burocracias. No hablo de los árbitros que se hacen los locos ante una falta o los goles que entran y no los cantan. Hablo de la emoción que causa en cualquiera ver un balón siendo acariciado dulcemente por un pie que lo lleva a besarse apasionadamente con la red. Es amor. Hablo de Tano Pasman siendo famoso a nivel mundial porque ningún sentimiento es más universal que emputarse porque tu equipo no gane en ese partido tan importante que tenía que ganar. No soy una persona que llora mucho, recuerdo haber llorado 4 veces en los últimos 10 años de mi vida y dos de esas veces fueron por fútbol.

Muchas veces me he lamentado de la vida por no darme talento suficiente para ser futbolista, pero haré arte. Al menos por ahí hay unas paralelas. Quizás en unos años haga una película del día mas triste de la historia moderna, el día que se retire Messi. O quizás haga una película del día que Venezuela implotó, el día ese que Juan Pablo Añor haga una pared con Josef Martínez y anote el gol que nos clasifique por primera vez al mundial. Ídolos del futuro.

Seguro muchas de esas personas no recuerdan la Copa América 2007, porque yo no recuerdo una Venezuela mas unida que cuando sonaba el Gloria al Bravo Pueblo por las cornetas de los televisores de todo el país. Opositores, chavistas, apátridas y patrióticos, emigrantes e inmigrantes todos desesperados viendo aquella tanda de penaltis maldita que nos mató un sueño pero que hizo nacer otro. Seguro esas personas no entienden la emoción que es ver a ingleses del West Ham o brasileños del Corinthians con la franela de Argentina por estar hinchando por Tevez en sus clubes. El fútbol poco a poco borra las fronteras y elimina el racismo y la xenofobia. El fútbol cuestiona la voluntad de los racistas logrando que un negro hijo de africanos sea el delantero referencia de Italia. El fútbol ha hecho mas por intentar mejorar la humanidad que muchas de esas cosas que esta gente defiende por pretender ser mas intelectual o esnob. Quizás debamos abrazar la humildad e intentar abrir los ojos un poco más.

"¿Como detener el mundo por un balón?", se pregunta esa gente. ¿Y como no hacerlo?, les pregunto yo. Si es la mejor esperanza que tenemos para cambiarlo.