martes, 13 de diciembre de 2011

A pesar que nunca estés.

Un día te pienso sentado en el cafetin de la estación de trenes de Bari. Me di cuenta que había olvidado que hace un par de años había decidido conocer el mundo en un esfuerzo de dejar de conocerte. Me enamore del mundo para desenamorarme de ti, o así me lo hice creer.

Tengo ya 3 años sin hablar contigo, 3 años desde el día ese que decidí dejarte atrás y empezar a aprender a vivir sin ti. Me mude de París y me devolví un rato a Venezuela. Me dedique a pintar en una cabaña cerca de la ciudad de Mérida que me prestó un amigo pudiente que me presentaron un día que recitaba poemas en casa de una amiga que se autodenominaba bohemia.

Siempre me pareció curiosa la gente que se autodenominaba de alguna manera, a mi me resultaba muy difícil eso. Para mi siempre fui "el chamo que le gusta escribir o hacer cine", me parecía pesada la etiqueta poeta, escritor o cineasta. Me cuesta imaginar que tengo el mismo título que Pablo Neruda, Gabriel García Marquez o Stanley Kubrick. Si aun no me acostumbro a autodenominarme adulto puedes imaginarte como es con las otras etiquetas.

Este amigo un día deliró por unos poemas que le regalé, el afirmo que se enamoró de ti solo por como te describía. Me decía que para escribir cosas así había que ser demasiado apasionado y si alguna vez llegaba a sentir la mitad de eso por alguna mujer tendría suerte. A mi me pareció que era demasiado adulador y exagerado pero solo sonreía y asentía mientras el hablaba. Luego hablamos un poco de Venezuela y me contó de su cabaña, de por que se había mudado a París y que estaba abandonada. Yo me mostré interesado y el se prestó a cedérmela temporalmente. Lo tomé como una señal y la aproveche. En una semana estaba en Venezuela frente a la cabaña la cual era perfecta. Vivía excluido del mundo, excluido de ti y excluido de todos. Esa soledad se juntaba con la neblina y colaboraban para crear el ambiente justo para entregarme a la melancolía que tanto disfruté y aproveché para crear. Dicen que la melancolía y la tristeza son malas compañeras pero siempre preferí sentir eso a pasar la vida luchando por no sentirlo como muchos lo hacen, terminan intentando sentirse vivos sintiéndose mas muertos.

Al año decidí que era tiempo de salir de ese sepulcro voluntario y volví a Francia por un tiempo, dejé todas mis pinturas en la cabaña como agradecimiento y si el dueño se enamoró de ti por mis poemas se enamorará aun mas por mis pinturas. Ninguna tenía tu cara o tus ojos pero todas hablaban de ti, como todo lo que hago de un tiempo para acá. El punto es que volví a París pero esta vez todo fue distinto. Esta vez no me recibiste tu con tus piernas esculturales ni tus hombros de sirena. Esta vez me recibió París, y a París decidí aprovecharla.

Al principio me entregue al libertinaje sexual, aprendí a usar mi acento latino y mis antecedentes artísticos para meter mujeres en mi cama y por un tiempo lo disfruté al máximo. Decenas de mujeres pasaron por mi cama algunas incluso al mismo tiempo. Pero al tiempo fue claro lo que siempre supe y nunca me deje aceptar probablemente porque disfrutaba la atención, no soy fanático de la promiscuidad, necesito intimidad emocional. Decidí abandonar esa vida y probar suerte con las relaciones comprometidas de nuevo.

Tuve un par de novias. Algunas hechas a la medida para mi, hermosas, cultas, graciosas, mucho mas graciosas que tu. Algunas sabían de películas y otras de deportes, cosas que nunca pude compartir contigo.

¿Sabes cuando encuentras a la persona perfecta en el momento incorrecto?

En una ocasión estuve un mes entero viendo fútbol con una novia todos los fines de semana, todos los partidos eran una discusión para probar la supremacía de conocimientos y todas esas discusiones culminaban con sexo apasionado para probar la dominancia sexual. Cuando no veíamos fútbol veíamos películas. A veces íbamos al teatro o a los museos. A veces ella solo se sentaba a verme escribir, no de la forma que te hace sentir presionado sino de la forma que te hace sentir apreciado. Fueron buenos tiempos, tiempos para enamorarse. Pero era justamente eso, tiempos para enamorarse de los cuales no me enamoraba. Yo no entendía, no entendía como tenía a la mujer perfecta frente a mí y no la apreciaba como se lo merecía hasta que un día me di cuenta de todo. Ella era perfecta, no había duda al respecto, ella era perfecta pero ella no eras tu. La hubiera conocido antes y no habría duda que la habría amado, pero ella no era para mi, o no lo fue en ese momento.

El día después de darme cuenta de eso terminé todo con ella, no podía ser el hombre que le hiciera eso a sabiendas. Sufrió mucho durante la separación y al verla sufrir a ella sufrí yo también. Te odié y me odié a mi mismo por un tiempo, un buen tiempo. Aún no estoy seguro si me dejare de odiar a mi mismo por hacerle eso a ella.

Hoy debes estar viviendo en algún lado de Europa, quizás estés incluso en Italia o aqui mismo en Bari. Quizás nos encontremos en el tren de vuelta a París. Quizás seas incluso esa chica de espaldas cerca de la entrada principal. Ahora que la detallo se parecen a tus piernas, me recuerda mucho a tu espalda. No, no puede ser, no puedes ser tu. Solo estoy alucinando, es solo el golpe de que vuelvas a mi mente luego de reprimirte por tanto tiempo, los sentimientos juegan con mi cerebro y mi cerebro juega con mi percepción.

¡Esa maleta! Creo recordar que tenías esa maleta. Su forma de pararse, es como una bailarina, camina con gracia, camina como tu. ¿Será posible que seas tu? ¿Será posible que nos volvamos a encontrar al fin? Empiezo a caminar hacia ti, ya no hay duda que seas tu. No puedo evitar acelerar el paso y antes de darme cuenta estoy corriendo hacia ti, no puedo creer que al fin te volveré a ver. Dejo de correr justo antes de llegar para no asustarte y tomo tu hombro desde atrás para voltearte sutilmente. Volteas y no te muestras sorprendida, solo sonríes, sonríes como si supieras que estaba ahí, como si supieras que no importa cuando fuera algún día iba a llegar por tu espalda e iba a tomar tu hombro para voltearte y enamorarnos de nuevo.

De pronto me toman a mi por el hombro, me toman y me sacuden, me sacuden demasiado fuerte y te pierdo de vista. Me cuesta enfocar y me habla un hombre con sombrero. Me dice que ya llegué a París y que debo bajarme del tren. Me doy cuenta que estoy solo en el tren y que a pesar que me despierto fácilmente decidí aferrarme a este sueño con fuerzas porque te tenía ahí conmigo.

Te pienso, y por pensarte te sueño, y por soñarte te veo en todos lados a pesar que nunca estés.

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