Había una vez un profesor de literatura que estaba enamorado de Adriana su alumna y todos los viernes le escribía un poema mientras la miraba presentar el examen semanal.
Cuando ella se paraba a entregarle el examen él arrugaba la hoja del poema, se la entregaba y le decía: "Por favor." así como en "Por favor corresponde ésto que siento."
Ella nunca lo entendió y siempre botaba el poema en la basura.
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