Y estoy sentado en una mesa de un restaurante al cual no recuerdo haber llegado nunca, te veo sentada en otra mesa y llamo al mesonero.
-Disculpe, yo quiero a esa chica de aquella mesa.
-Lo siento señor, en este restaurante no se hacen pedidos. Aquí se le sirve lo que le toque.
-¿Como lo que me toque? ¿Y si no me gusta?
-Son políticas del restaurante señor, se lo tendrá que aguantar.
-Como la vida misma, ¿no?
-Exactamente.
-¿Y si me paro y me voy?
-Entonces quizás nunca le llegue la chica de aquella mesa.
Y me quedo ahí sentado comiéndome lo que me traigan, hasta que toque que te traigan a ti.
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