Aquí estoy, en la penumbra absoluta palpando las paredes con las manos extendidas. Estoy seguro que en cualquier momento dejaré de tocar piedras y arena y encontraré al fin tus pómulos o tu cabello.
Realmente cada cueva en la que entras es más profunda que la anterior, pero vale la pena buscarte sólo por ver tu cara los momentos que le da luz.
Antes era mucho más fácil encontrarte porque brillabas en medio de la oscuridad. Hoy en día brillas cada vez menos seguido y de alguna manera siempre encuentras una cueva más profunda.
Se que contribuí a apagarte y lo siento, pero a veces me miro a mí mismo y me pregunto cuándo dejé de brillar también. Supongo que también tengo mi cueva de la que salir eventualmente.
Pero lo que me mantiene avanzando hacia lo profundo es saber que en el momento que vuelvas a brillar podré encontrarte y dirigirnos hacia la luz juntos una vez más, aunque sea un ratico. Haciendo que todo valga la pena y que me olvide de mi propia cueva.
Mientras tanto aquí sigo, en la penumbra con los brazos extendidos. Arena y piedra, cada vez un poco más cerca.
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