Cada buena película romántica reafirma la filosofía que el amor; para que realmente valga la pena, debe ser dolorosamente intenso y consumidor.
Que ambos cuerpos se atraigan como imanes superpoderosos y sea un esfuerzo titánico separarse el uno del otro trabajando juntos empujando el torso del otro con los brazos y las piernas y manteniendo una distancia prudente al lograrlo para no volver a pegarse. Porque ese placer doloroso de querer ser una sola persona con otro hace los colores mas vivos, las comidas mas jugosas y el sexo jodidamente superior.
No es casualidad que digan "Donde hubo fuego cenizas quedan" cuando se refieren al amor, porque o te consume completamente hasta las cenizas o nunca valió la pena.
Ya después tocará reconstruir poco a poco para que alguien más venga a quemarlo todo. Un gran proceso.
(Nota: Hoy vi la 2da película de la trilogía de Linklater, eso me tiene escribiendo así.)
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