jueves, 28 de noviembre de 2013

Trompetas para María.

María está acostada en el frío suelo con la mirada perdida mientras tres rayos de luz que entran por la rejilla de la puerta de metal golpean su cara. La habitación está en total penumbra y no entiende realmente que sucede, tres días atrás iba caminando tranquilamente por la calle cuando la raptaron y la encerraron unos hombres vestidos completamente de negro sin darle explicación alguna. María cree recordar haber visto un par de policías y otros hombres que observaban, aplaudían y sonreían mientras se la llevaban pero no está segura de eso, cree que quizás el encierro está jugando con su cordura porque no cree que nadie sea capaz de presenciar actos como esos y no hacer nada al respecto, mucho menos disfrutarlo. Ella tiene las uñas rotas por la mitad y los dedos llenos de sangre seca, parte de la sangre es suya resultado del intento desesperado por despegar las piedras de la pared y la otra parte proviene de los rostros de sus captores. Le cuesta hablar y su garganta le duele por tener tres días gritando y llorando sin siquiera tomar agua para refrescarla. Tiene un ojo morado, el labio roto y el pómulo izquierdo hinchado y probablemente fracturado por el puñetazo a la cara que le dio uno de los hombres a quien rasguñó. También sus nudillos estaban rotos por golpear la puerta y las paredes en frustración. Parecía haberse acostumbrado al olor de su propia mierda que inundaba su celda e impregnaba su cabello y ropa. Solo había logrado cagar una vez ya que no había comido ni bebido absolutamente nada desde que la encerraron. María seguía acostada sin voluntad ya completamente resignada a aceptar su destino sea cual fuese, y como el resto de los días que estaba encerrada ahí se quedó dormida por falta de energía.

María despierta por la luz que pega contra su cara, no está segura si es de noche o de día ya que perdió toda noción de tiempo al estar ahí encerrada. Al abrir los ojos ve la puerta de metal abierta por primera vez en varios días y se incorpora con dificultad pero inmediatez como un gato asustado. Corre hacia la puerta y justo antes de salir comienza a sospechar de que algo no está bien con lo que está pasando. Asoma su cabeza cautelosamente por el marco de la puerta y ve una habitación oscura, la habitación no tiene ventanas y tiene cuatro puertas cerradas y una puerta que va hacia unas escaleras. María sale de la habitación y se apoya en la pared un poco desorientada. Los días de ayuno realmente no le han hecho demasiado bien. María pasa por el marco de la puerta abierta olvidando su preocupación inicial y sube las escaleras poco a poco hacia un piso de arena completamente a oscuras. María da unos pasos y unas luces se encienden cegándola por un momento y haciendo que de unos pasos hacia atrás. María voltea y ve un hombre parado detrás de ella, examina el resto de la habitación asustada y ve unos cinco hombres parados alrededor, dos de ellos parados en las únicas salidas posibles. Los hombres sonríen y gritan cosas que María no logra entender por su miedo y respiración fuerte. María corre hacia el hombre parado frente a la puerta por la cual entró y el hombre la empuja hacia atrás, voltea a ver a los demás que ríen a carcajadas y vuelve a correr contra el mismo hombre que la golpea fuertemente el lado derecho de la cara cayendo al suelo al mismo tiempo que un diente sale de su boca y rebota a aproximadamente un metro de ella. María se acaricia el cachete donde recibió el golpe, mira a los hombres que cada vez ríen mas fuerte pareciendo disfrutar del espectáculo y de su miedo y realmente no entiende que está sucediendo.

Los cinco hombres cierran el circulo alrededor de ella, María se arrastra hacia atrás con sus brazos y piernas en desesperación. Uno de los hombres la hala por el cabello con mucha fuerza hacia atrás, María agarra sus brazos intentando soltarse pero el hombre termina arrancándole un mechón de pelo y oliéndolo con excitación y crueldad. María grita desesperada por ayuda y su grito es inmediatamente callado por una patada hacia las costillas que la deja inconsciente por uno o dos segundos. Cuatro de los hombres la agarran por sus extremidades inmovilizándola. María intenta soltarse desesperadamente pero los hombres son demasiado fuertes y ella está débil por los días en ayuno. El hombre que quedó suelto se acerca a su cara, tiene barba rasposa y mal aliento y sonríe perturbadoramente al tiempo que María lo mira y llora desesperada. El hombre comienza a pasar las manos por la cara de María que lo rechaza completamente asqueada. El hombre soba sus lagrimas y las pasa por su boca haciéndola probar lo saladas que están, sigue bajando y comienza a acariciar sus senos y apretarlos violentamente. María grita en dolor y llora desesperada al tiempo que los cuatro hombres que la toman la miran completamente excitados y riendo a carcajadas. Las manos del hombre siguen bajando por el cuerpo de María y su mano derecha agarra su zona genital con fuerza lastimándola por encima de su jean al mismo tiempo que el hombre aprieta los dientes disfrutando del momento. María mueve sus piernas intentando zafarse de las manos del hombre sin éxito. El hombre saca unas tijeras gigantes de su bolsillo posterior y se las enseña a María que abre los ojos al máximo sorprendida y completamente desesperada. El hombre comienza cortando su jean dejándola en pantaletas y luego corta su franela dejándola en sostén. Los hombres que la toman por los brazos no pueden evitar tomarla con una sola mano y manosearle los senos violentamente con la otra y le lastiman las muñecas al ejercer extra presión con una sola mano para inmovilizarla. El hombre de las tijeras se acerca a sus muslos, los besa y los muerde fuertemente sacando un poco de sangre primero en el derecho y luego en el izquierdo. María grita y llora del dolor. El hombre corta sus pantaletas y huele su vagina, agarra las pantaletas y las guarda en su bolsillo. Corta sus sostenes y pone las tijeras frías contra sus pezones haciéndola estremecerse, inmediatamente después de eso guarda sus tijeras y aprieta sus pezones con fuerza haciéndola cerrar los ojos adolorida. María llora desesperada esperando que suceda algún milagro que la salve observando todo en pánico total y sin entender que hizo para merecerse eso.

En ese momento comienzan a sonar unas trompetas, el techo se abre por la mitad y revela a un montón de personas sentadas en unas gradas circulares alrededor de la habitación. Al abrirse el techo las personas sentadas en las gradas se emocionan y comienzan a gritar y aplaudir eufóricamente. Los cinco hombres levantan la cabeza y sonríen y dos de ellos levantan las manos agradeciendo los vitoreos. María mira alrededor horrorizada y pide ayuda a gritos. El hombre de las tijeras se levanta y camina alrededor de los otros cuatro. Levanta las manos y da vueltas como bailando mientras la gente se emociona cada vez mas. El hombre se quita el pantalón quedando completamente desnudo y un par de mujeres que visten con sombrero de vaquero botan un poco de sangría al tiempo que le gritan emocionadas. El hombre las mira y les lanza su pantalón, el resto de las personas grita. El hombre se acerca de vuelta a María que grita desesperada hasta sentir un golpe fuerte contra su cara. Su cabeza rebota contra el suelo después de recibir el golpe y queda completamente desorientada. Los otros cuatro hombres sueltan a María que queda acostada en el suelo con las extremidades completamente estiradas, el hombre se ubica entre las piernas de María, acomoda su pene completamente erecto y la penetra en un solo movimiento violentamente.

María comienza a gritar y toma al hombre por la cara con sus manos. El hombre agarra a María por los brazos doblándolos y lastimándola. María grita pero se suelta y vuelve a la cara del hombre logrando lastimarlo metiendo sus dedos en sus ojos. El hombre aprieta en puño la mano derecha y vuelve a golpear a María en el pómulo derecho, María se queda quieta entendiendo el mensaje pero el hombre no se calma sino que la golpea un par de veces mas con la mano izquierda y otra con la derecha. María tiene un lado de la cara recostado al suelo, su cara está llena de arena que se ha pegado en lo húmedo de la sangre y las lagrimas que ha botado producto de los diferentes golpes que ha recibido. María sigue llorando a medida que el hombre arremete contra ella una y otra vez en lo que parece ser un periodo infinito de tiempo. El hombre toca todo su cuerpo con sus manos, besa y muerde sus pezones fuertemente pero ya María está inerte solo esperando que el momento pase lo mas rápido posible. El hombre babea sobre su cara y levanta la cabeza. Unos cuantos hombres en las gradas levantan sus cervezas al aire gritando con fuerzas, una pareja se besa apasionada completamente borracha y un par de niños miran la escena horrorizados mientras sus padres ponen sus manos sobre sus hombros. El hombre sigue violando a María por unos veinte a treinta minutos más y justo antes de acabar saca su pene ensangrentado por haberla desgarrado y se masturba sobre su barriga. María sigue acostada en el suelo ya sin pensar ni moverse y casi incapaz de sentir nada excepto el ardor como fuego que viene de su entrepierna. El hombre se levanta y levanta sus manos al aire y la gente comienza a gritar eufóricamente. El hombre le hace una seña a los cuatro hombres que se acercan a María.

Unas trompetas comienzan a sonar de nuevo, los cuatro hombres se acercan a María y comienzan a patearla violentamente. María grita del dolor por las dos primeras patadas que fracturaron sus costillas pero la tercera patada golpea fuertemente contra su cabeza dejándola inconsciente. El hombre que la violó camina alrededor de la habitación mientras los hombres la violentan y la gente sigue aplaudiendo y bebiendo felices. Los hombre siguen pateando a María hasta que esta ya deja de moverse y de respirar, la agarran por las piernas y la comienzan a arrastrar. Donde estaba el cadáver de María hay ahora un gran charco de sangre y a medida que la arrastran va dejando una estela roja desde el charco hasta la escalera de donde salió originalmente. Los hombres tiran el cadáver de María en el calabozo donde la tenían encerrada, abren otra de las puertas y sacan arrastrada a otra mujer gritando y llorando mientras se escucha de fondo a la gente emocionada y una vez mas el sonido de unas trompetas.



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Personalmente pienso que idolatrar la violencia en cualquier expresión es animarla a que crezca y se reproduzca en otros niveles. Los toros sufren y las personas disfrutan de su sufrimiento poniendo en pausa su humanidad por unos momentos y entregándose a lo mas puro y violento de sus instintos. Realmente hay que pensar si el legado que queremos dejar a nuestros hijos y a nuestra sociedad es el que la violencia se puede disfrutar en vez de ser condenada. Que hipócrita es aplaudir y disfrutar viendo como una persona mata a otro ser vivo y luego salir a la calle y quejarse de los niveles de violencia que hay en el país. Conciencia debería ser nuestra primera necesidad.

Juan Martínez Badillo

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