jueves, 15 de noviembre de 2012

Llaves tristes.

Una chica toca una puerta de madera tres veces, la abre ligeramente y se asoma.

Gerardo: Pensé que te había quitado la llave.
Margarita: Siempre que cambias la cerradura me llega la llave nueva a mi casa. ¿Puedo pasar?
Gerardo: Pasa, igual no podría no dejarte entrar aunque quisiera.
Margarita: ¿Me puedo sentar?
Gerardo: Claro. No hay nada aquí que no te haya contado.
Margarita: Siempre es divertido estar en la mente de otra persona.
Gerardo: ¿Te vas a quedar mucho tiempo?
Margarita: No se, me imagino que cuanto me dejes.
Gerardo: Yo te dejo siempre, cuando te vas es solo de vacaciones.
Margarita: ¿Vacaciones de que?
Gerardo: Cuando necesito vacaciones de ti.
Margarita: ¿Por que necesitarías vacaciones de mi?
Gerardo: Porque entras y sales pero nunca cierras la puerta cuando entras.
Margarita: No puedo cerrar. Me están esperando afuera.
Gerardo: Algún día cerraras la puerta.
Margarita: Quizás... quizás la cierre desde afuera.
Gerardo: Eso sería triste.
Margarita: Tu la puedes cerrar desde adentro.
Gerardo: Pero siempre te llega la llave.
Margarita: Solo porque tu me la envías.
Gerardo: Eso si sería triste.
Margarita: ¿Que?
Gerardo: Que no la usaras.

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