lunes, 19 de marzo de 2012

Como la cocaína.

Luego de pasar toda la noche despierto bebiendo a un lado de la piscina miro a mi teléfono, busco su nombre en la agenda de contactos y le doy a enviar mensaje. Pienso en redactarle algo que la enamore, luego pienso: "Ahora somos solo amigos" y lo borro.

Pongo el teléfono en la mesa mientras me tomo otro vaso de ron con coca cola que ahora gracias al hielo derretido tiene un extraño sabor a cuando preparas un nestea con muy poco polvito de la bolsa.

Solo amigos. A los amigos no se les escribe cosas bonitas a las 6 de la mañana me digo a mi mismo. La verdad no recuerdo ser su amigo, esa etapa me la salte desde el día que la vi acercarse y sonreír o quizás el día que me abrazó y le olí el pelo por primera vez. Sonrío sarcásticamente. Me tomé estos 4 días sin escribirle para no pensar en ella y creo que no lo he dejado de hacer ni por un momento. Me tomé estos 4 días alejado de Maracaibo y la verdad es que quisiera que ella estuviera conmigo.

 Una chica me coquetea, las 6 horas de ingerir alcohol le ha pegado tanto como a mi. Mucha gente borracha en la piscina, los miro sin realmente mirar a nadie, miro a la chica y le digo: "Es difícil esto de ser amigos luego de besarla, es como intentar ser amigo de la cocaína apenas saliendo de rehabilitación." Ella me mira extrañada, yo me arrepiento de hablar de ella, me tomo lo que me queda de mi trago. Me levanto y me voy a mi cama.

Me acuesto y miro el techo, me da vueltas el mundo quizás por el alcohol, quizás por pensar en ella. Cierro los ojos y pienso: "Si, como la cocaína, hasta igual de blanca es. Esos labios crean adicción, será difícil verlos y no reaccionar."

Duermo.

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